jueves, 14 de enero de 2016

... καὶ γράφομεν

Hoy tocaba escribir.

Primero la acostumbrada actividad que repetimos cada cierto tiempo para ver el número de palabras que recuerdan. Son tres estresantes minutos en los que hay que recopilar el mayor número de palabras posibles. Las vacaciones han hecho su estrago porque las cifras de hoy han sido pésimas, hacia atrás, como los cangrejos.

Después hemos hecho un dictado tradicional con una descripción del cuerpo humano, repasando el vocabulario que hemos estado trabajando esta semana. Al corregir las faltas hemos hecho la traducción porque era un texto muy fácil. El principal fallo que ellos mismos reconocen es que, salvo excepciones, no se detienen a comprender lo que escriben, escriben según escuchan y pasa lo que pasa. En algún caso, sin embargo, me ha sorprendido que una alumna decía que hoy diferenciaba mejor entre las largas y las breves (no con esas palabras, claro), que ya tenía conciencia de que cuando escuchaba /o/ tenía que fijarse si era larga o breve para escribir omega u ómicron. Me ha sacado una sonrisa su comentario porque mi pronunciación de las cantidades es poco ortodoxa, pero me recuerda que de algún modo deberíamos hacerlo notar si usamos tanto lo oral en clase.

En el poco tiempo que nos ha sobrado hemos empezado una historia de un joven, que vive en el campo, cuida animales, es bellísimo, Zeus lo ve desde el Olimpo, se enamora, se metamorfosea en águila... Alguna ha adivinado en seguida de quién hablábamos ;)

Mañana más.